
Como hace cuatro años, en los octavos del Mundial de Alemania, Argentina ha eliminado a México en Sudáfrica. Con una pequeña diferencia: en 2006, la albiceleste ganó con un golazo de Maxi Rodríguez en la prórroga, sin la colaboración de un árbitro cobarde y complaciente como Roberto Rosetti. Porque sobre la clasificación argentina pesa un clamoroso error arbitral, que validó a Tévez un gol tan importante como el del 1-0 en clarísimo fuera de juego. Lo más escandaloso, más allá del imperdonable error del juez de línea, que añade vergüenza a la vergüenza, es que en los gigantes y modernísimos videomarcadores del Soccer City se repitió, instantes después y a cámara lenta, la acción del gol de Tévez, añadiendo una línea y toda la zona sombreada que marcaba la posición del fuera de juega. En el estadio, casi 180 mil ojos vieron el fuera de juego. De hecho lo vieron todos menos el cuarteto arbitral italiano, que contemplaba ayer su último fracaso en el Mundial tras el de su selección y el de Fabio Capello al frente de Inglaterra. De nada sirvieron las protestas de los mexicanos, que señalaron al cuarto árbitro, indicando que él tenía que haber visto la repetición: después de un veredicto con el juez de línea de casi dos minutos, Rosetti señalaba el centro del campo, dando por válido uno de los fueras de juego más fuera de juego de la historia.
Y hasta ese momento, el 26' de la primera, el equipo que merecía estar delante era el mexicano, que entró en el partido con mucho orden y determinación y queriendo dominar la disputa del balón. Tanto que un bombazo de Salcido, que encontró a Romero descolocado, se estrelló contra el larguero y sólo un minuto después, un zurdado de Guardado desde la derecha se iba iba lamiedo el palo diestro argentino. Argentina, como siempre, jugó gris, sin brillo. Maradona ha apostado definitivamente por Maxi en lugar de Verón y ayer quiso que Messi llevase la manija del equipo, situándole muy cerca de Mascherano. Fracaso. De Maradona y de Messi, que gana protagonismo a la vez que pierde incidencia en el juego del equipo. Maradona, después del partido, buscó la justificación al pobre rendimiento de su estrella por los marcajes mexicanos, calificando de "escandaloso" el arbitraje de Rosetti: "parecía que habíamos retrocedido treinta años, cuando Gentile me marcaba a mí en España. Desde entonces, el arbitraje ha cambiado mucho, pero con Rosetti hemos dado un salto hacia atrás".
La realidad, sin embargo, es distinta y nos dejó un partido sin ninguna dureza y on el árbitro como protagonista 'sólo' por regalar un gol a Argentina. Maradona acierta viviendo con la intensidad de un aficionado, de un hombre que todavía se emociona con cada partido este Mundial y lo ha transmitido muy bien a su equipo y a sus jugadores. Pero una cosa distinta es interpretarlo como tal y tratar de esconder en el árbitro los errores propios. El arbitraje fue escandaloso, sí, pero siempre en perjuicio de los mexicanos y no admite ninguna disculpa o interpretación: lo que hay que condenar son arbitrajes que no están a la altura como para no ver un fuera de juego de dos metros o para no ver un gol dentro por un metro. Maradona que disfrute de los goles de Higuaín (pichichi de la competición) y Tévez, que le han llevado hasta los cuartos de final. Seguro que lo hará, antes de enfrentarse al rompecabezas de Alemania, una prueba verdaderamente exigente para él. Mientras, Blatter que siga diciendo que "a los aficionados lo que le gusta es discutir las acciones de un partido. Es lo bonito y lo humano del fútbol". Correcto. Ahora que se lo explique a millones de mexicanos e ingleses.
Y hasta ese momento, el 26' de la primera, el equipo que merecía estar delante era el mexicano, que entró en el partido con mucho orden y determinación y queriendo dominar la disputa del balón. Tanto que un bombazo de Salcido, que encontró a Romero descolocado, se estrelló contra el larguero y sólo un minuto después, un zurdado de Guardado desde la derecha se iba iba lamiedo el palo diestro argentino. Argentina, como siempre, jugó gris, sin brillo. Maradona ha apostado definitivamente por Maxi en lugar de Verón y ayer quiso que Messi llevase la manija del equipo, situándole muy cerca de Mascherano. Fracaso. De Maradona y de Messi, que gana protagonismo a la vez que pierde incidencia en el juego del equipo. Maradona, después del partido, buscó la justificación al pobre rendimiento de su estrella por los marcajes mexicanos, calificando de "escandaloso" el arbitraje de Rosetti: "parecía que habíamos retrocedido treinta años, cuando Gentile me marcaba a mí en España. Desde entonces, el arbitraje ha cambiado mucho, pero con Rosetti hemos dado un salto hacia atrás".
La realidad, sin embargo, es distinta y nos dejó un partido sin ninguna dureza y on el árbitro como protagonista 'sólo' por regalar un gol a Argentina. Maradona acierta viviendo con la intensidad de un aficionado, de un hombre que todavía se emociona con cada partido este Mundial y lo ha transmitido muy bien a su equipo y a sus jugadores. Pero una cosa distinta es interpretarlo como tal y tratar de esconder en el árbitro los errores propios. El arbitraje fue escandaloso, sí, pero siempre en perjuicio de los mexicanos y no admite ninguna disculpa o interpretación: lo que hay que condenar son arbitrajes que no están a la altura como para no ver un fuera de juego de dos metros o para no ver un gol dentro por un metro. Maradona que disfrute de los goles de Higuaín (pichichi de la competición) y Tévez, que le han llevado hasta los cuartos de final. Seguro que lo hará, antes de enfrentarse al rompecabezas de Alemania, una prueba verdaderamente exigente para él. Mientras, Blatter que siga diciendo que "a los aficionados lo que le gusta es discutir las acciones de un partido. Es lo bonito y lo humano del fútbol". Correcto. Ahora que se lo explique a millones de mexicanos e ingleses.









