lunes, 28 de junio de 2010

Rosetti da el impulso necesario


Como hace cuatro años, en los octavos del Mundial de Alemania, Argentina ha eliminado a México en Sudáfrica. Con una pequeña diferencia: en 2006, la albiceleste ganó con un golazo de Maxi Rodríguez en la prórroga, sin la colaboración de un árbitro cobarde y complaciente como Roberto Rosetti. Porque sobre la clasificación argentina pesa un clamoroso error arbitral, que validó a Tévez un gol tan importante como el del 1-0 en clarísimo fuera de juego. Lo más escandaloso, más allá del imperdonable error del juez de línea, que añade vergüenza a la vergüenza, es que en los gigantes y modernísimos videomarcadores del Soccer City se repitió, instantes después y a cámara lenta, la acción del gol de Tévez, añadiendo una línea y toda la zona sombreada que marcaba la posición del fuera de juega. En el estadio, casi 180 mil ojos vieron el fuera de juego. De hecho lo vieron todos menos el cuarteto arbitral italiano, que contemplaba ayer su último fracaso en el Mundial tras el de su selección y el de Fabio Capello al frente de Inglaterra. De nada sirvieron las protestas de los mexicanos, que señalaron al cuarto árbitro, indicando que él tenía que haber visto la repetición: después de un veredicto con el juez de línea de casi dos minutos, Rosetti señalaba el centro del campo, dando por válido uno de los fueras de juego más fuera de juego de la historia.

Y hasta ese momento, el 26' de la primera, el equipo que merecía estar delante era el mexicano, que entró en el partido con mucho orden y determinación y queriendo dominar la disputa del balón. Tanto que un bombazo de Salcido, que encontró a Romero descolocado, se estrelló contra el larguero y sólo un minuto después, un zurdado de Guardado desde la derecha se iba iba lamiedo el palo diestro argentino. Argentina, como siempre, jugó gris, sin brillo. Maradona ha apostado definitivamente por Maxi en lugar de Verón y ayer quiso que Messi llevase la manija del equipo, situándole muy cerca de Mascherano. Fracaso. De Maradona y de Messi, que gana protagonismo a la vez que pierde incidencia en el juego del equipo. Maradona, después del partido, buscó la justificación al pobre rendimiento de su estrella por los marcajes mexicanos, calificando de "escandaloso" el arbitraje de Rosetti: "parecía que habíamos retrocedido treinta años, cuando Gentile me marcaba a mí en España. Desde entonces, el arbitraje ha cambiado mucho, pero con Rosetti hemos dado un salto hacia atrás".

La realidad, sin embargo, es distinta y nos dejó un partido sin ninguna dureza y on el árbitro como protagonista 'sólo' por regalar un gol a Argentina. Maradona acierta viviendo con la intensidad de un aficionado, de un hombre que todavía se emociona con cada partido este Mundial y lo ha transmitido muy bien a su equipo y a sus jugadores. Pero una cosa distinta es interpretarlo como tal y tratar de esconder en el árbitro los errores propios. El arbitraje fue escandaloso, sí, pero siempre en perjuicio de los mexicanos y no admite ninguna disculpa o interpretación: lo que hay que condenar son arbitrajes que no están a la altura como para no ver un fuera de juego de dos metros o para no ver un gol dentro por un metro. Maradona que disfrute de los goles de Higuaín (pichichi de la competición) y Tévez, que le han llevado hasta los cuartos de final. Seguro que lo hará, antes de enfrentarse al rompecabezas de Alemania, una prueba verdaderamente exigente para él. Mientras, Blatter que siga diciendo que "a los aficionados lo que le gusta es discutir las acciones de un partido. Es lo bonito y lo humano del fútbol". Correcto. Ahora que se lo explique a millones de mexicanos e ingleses.
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domingo, 27 de junio de 2010

Inglaterra pierde mucho más que un gol


El gol anulado a Frank Lampard en el 38' le ha quitado todo el valor posible a la lección que la nueva Alemania le ha dado a la generación de oro del fútbol inglés, que dice adiós a su última oportunidad de devolver a Inglaterra a la cima del mundo futbolístico. La guerra eterna entre Inglaterra y Alemania, cuyas anécdotas, recuerdos y polémicas inundan los almanaques, tiene desde hoy una nueva fecha para señalar. Es el 27 de junio de 2010, día en el que el árbitro uruguayo Jorge Larrondia no vio un chutazo de Lampard que se estrellaba en el larguero para botar después medio metro dentro de la portería. El tiempo se paró en ese momento, era el crimen perfecto como contrapunto al gol de Hurst que le dio a Inglaterra la victoria en su propio Mundial hace 44 años. Hoy, por inexplicable que parezca, la Fifa tiene los mismos errores que a mediados del siglo pasado. Es una auténtica vergüenza: cientos de cámaras ocupan los estadios y ni una sola está al servicio de los árbitros, al servicio del fútbol. Es una auténtica vergüenza que los jueces del fútbol, jueces de la historia, al fin y al cabo, siga siendo gente amateur ¿Cabe en la cabeza de alguien que un aficionado decidiese, por ejemplo, si un criminal debe entrar o no en la cárcel? Absolutamente no y por eso la Fifa o, si no, los clubes, deben aceptar por una vez que los tiempos cambian y 1) adoptar el uso positivo de la tecnología para evitar estas situaciones y 2) sobre todo, profesionalizar de una vez el estamento arbitral.

Como Capello ha reconocido, Inglaterra cometió errores graves, pero el del árbitro fue mucho más grande. Y completamente decisivo. Decisivo porque después de que Klose bailase a Terry para hacer el primero de la tarde y el decimosegundo de sus tres Mundiales (los mismos que Pelé) en el 20' y de que 14' después una triangulación espectacular entre Özil, Müller y el propio Klose terminase con el balón en la red a disparo de Podolski, Inglaterra encontró con un cabezazo de Upson el 2 a 1 y un minuto más tarde llegaba ese gol no concedido al equipo de Capello. Y decisivo por la acción, curiosa, del tercer gol: era el minuto 67' y con desventaja en el marcador, a una falta que iba a lanzar Lampard, Capello hacía subir siete jugadores al área, haciendo imposible cualquier balance defensivo. El disparo del jugador del Chelsea dio contra la barrera y entre Özil, Schweinsteiger y Müller montaron un tres contra dos (Cole y Barry eran los encargados de cerrar) imparable para James. El mediapunta del Bayern había hecho el tercero y tres minutos después haría también el cuarto. La sentencia para Inglaterra. Y quién sabe si también para Capello.

Porque el italiano no ha sabido entender lo que significaba la selección de los tres leones. Desde las primeras convocatorias intentó hacer cosas raras: intentó instaurar su pretoriano 4-4-2 con las convocatorias de Downing y Young hasta que el tiempo lo dejó como imposible; le ha dado a Heskey un papel clave en un equipo que tiene que ser ganador y, con todos los respetos, un delantero que ofreció su mejor juego en el Wigan y que ahora es reserva en el Aston Villa, con el que sóo ha conseguido tres goles en treinta partidos, no puede tener la relevancia que tiene Heskey en este equipo. Su pantalla, lejos de provér de balones a Rooney, ha sido el punto final de sus acercamientos al área. Además, Terry no se siente cómodo con su nuevo papel de actor secundario desde que, con acierto o no, Capello le quitó el brazalete. Tampoco ayudó su presión para el cambio de juego del equipo, que le ha hecho quedarse sin apoyos y convertirse hoy en el corista perfecto de los delanteros alemanes, adornando todas sus jugadas con errores impropios. Con todos estos problemas, aunque suene repetitivo, Capello ha construido un equipo impropio, inadaptado, con un planteamiento no equivalente a sus fundamentos, con jugadores fuera de su sitio (Gerrard en la izquierda...) y con Barry cumpliendo un papel industrial que no va con él: no es lo que hace en el City, donde juega sus mejores partidos al lado de De Jong. Y ni mucho menos es el jugador que manejaba el aparataje ofensivo del gran Aston Villa de hace dos temporadas.

Con la eliminación, un ridículo igual al de Italia, por ejemplo (una victoria contra Eslovenia no cambia un papel idénticamente lamentable), se pierde una generación de futbolistas espectaculares, que ha jugado tres mundiales, empeorando siempre el papel del anterior. Ferdinand, Terry, Cole, Lampard o Gerrard no estarán en Brasil en 2014 y la regeneración del equipo inglés, dotándole de una identidad actual, es una obligación. El problema es que Fabio Capello es un técnico que, por su idiosincrasia resultadista, no parece el más adaptado a llevar a cabo esa renovación tan necesaria si el corazón del fútbol inglés quiere seguir latiendo. ¿Qué sentido tendría, entonces, que continuase en el banquillo hasta la Eurocopa de dentro de dos años? Ninguno. Su labor sólo puede estar avalada por unos resultados que, con Inglaterra, no ha conseguido. Pero nadie puede parar ahí la reflexión, porque el problema de la selección inglesa va y está mucho más allá. La Premier League es una competición globalizada con un modelo basado en la importación masiva de jugadores extranjeros, de mayor o menor nivel, que han terminado arrinconando a los jóvenes ingleses. Si pensamos en los jugadores decisivos, en todos los equipos nos salen forasteros: Drogba, Anelka, Cesc, Arshavin, Torres, Tévez y la lista se alarga también con equipos inferiores en la clasificación. No puede ser que el Chelsea, alineando sólo tres ingleses de forma habitual, sea el equipo más decisivo para la selección. La solución al fracaso del Mundial va mucho más allá de los fallos de calibración de la Fifa. Inglaterra muestra problemas de base y para solucionarles, hay que actuar deprisa y con decisión. Si no, será imposible que un gol como el de Hurst vuelva a favorecer a Inglaterra en la final de un Mundial.
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El orgullo puede con los sueños


De una manera algo inesperada, al menos distinta, el orgullo uruguayo y ghanés acabó con el cinematográfico sueño americano y con el de Corea. Uruguay pasó gracias a un doblete de Luís Suárez y, en esta ocasión, no tiene nada que agradecer, ni tuvo nada que ver, esa solidez defensiva que les ha llevado hasta los octavos, permitiéndole no encajar ningún gol durante 338 minutos antes del gol de Lee Chung-Yong. No se sabe qué les pasó ayer, pero desde que marcaron el primer gol, gracias a una cantada en cadena de toda la defensa asiática, que se quedó esperando que señalasen un fuera de juego inexistente y asistió, inmóvil, al gol de Luís Suárez en el 8’, Oscar Tabárez echó a su equipo atrás de manera descontrolada. El técnico uruguayo mantenía en la previa que “saber defenderse bien es una virtud, no un defecto”: el problema es cuando intentas defender y no sabes. Quizá el primer gol les relajó, hizo infravalorar al rival o a saber qué. Pero la fuerza física no es la mínima y el desorden táctico pasará más facturas que un simple gol en contra cuando el rival no sea Corea, que tiene una defensa muy ‘corta’. “Para atacar se quedan al descubierto en defensa”. Había dicho el técnico uruguayo. Y tuvo suerte en acertar en esta segunda predicción, porque contra Ghana tendrá que ser todo mucho más preciso.

Porque Ghana y Estados Unidos jugaron un partido con personalidad y buen rigor táctico. Ambos técnicos, Rajevac y Bradley, aunque no tienen el gran pedigrí de otros que han participado y fracasado en este Mundial (nunca han entrenado equipos fuera de sus países), prepararon de una manera perfecta un partido que tuvo novedades. Rajevac apostó por el joven lateral Inkoom como volante derecho, en sustitución de Tagoe, y dio entrada a Annan detrás de un centro con cuatro hombres en el que André Ayew, hijo de Abedi Pelé, sigue dando lecciones de juego con su zurda de oro. Es inexplicable como hasta ahora (porque ahora cambiará) este jugador ha estado jugando en la segunda división francesa. Y una pena que se pierda los cuartos por acumulación de amonestaciones (a partir de ahí, todos pasarán ‘limpios’, sin tarjetas).

Justamente la pulcritud con la que estaba planteado el partido, hizo que éste fuese de dominio alterno. Casi como acordado. Aunque ese cambio de poder después de cada pausa, totalmente involuntario y mérito de cada entrenador en el pertinente descanso, es lo que aniquiló las esperanzas de Estados Unidos: primera parte para Ghana, la segunda para los americanos (¿o para Feilhaber?) y la prórroga dividida de la misma manera. Los centrocampistas ‘jugones’ fueron protagonistas durante el tiempo reglamentario. Kevin Boateng, el blanco de las estrellas negras, marcó su gol a los cinco minutos, concluyendo una acción personal con un zurdazo imposible para Howard. En la parte americana, Benny Feilhaber es el mejor centrocampista que tienen y el hecho de que las tres ‘remontadas’ que han conseguido los yanquis hayan sido con el jugador de Rio en el campo (nunca ha sido titular) no puede ser una casualidad. Ayer le dio al equipo la pausa y la velocidad que necesitaba y desde el perfil izquierdo formó una mediapunta que hizo crecer a Donovan y Dempsey. Pudo marcar sólo dos minutos después de la reanudación, pero al disparo de izquierdas le dio con la derecha. El empate lo hizo, cómo no, Donovan de penalti (Jonathan derribó a Dempsey después de tocar el balón) y así llegaron al final. La forma física pasa factura y ahí Ghana, con su sistema táctico impecable se impone. Lo hizo en la prórroga, en el 104’, con un buen gol de Gyan, que iguala a la cabeza en la lucha por el pichichi. Y que hace que su sueño sea el de todo un continente: ver, por primera vez, un equipo africano en las semifinales de un Mundial.
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sábado, 26 de junio de 2010

España sigue creciendo


En el partido más importante hasta ahora del Mundial, España dio su mejor versión. O quizá lo mejor de su nueva versión. Suiza ya no es ninguna tortura. España ha evolucionado y ha aprendido, para dolor de muchos, que el fútbol no empieza en ‘tiqui’ y acaba en ‘taca’. Esta España ha madurado, es un equipo más pragmático, que ha aprendido a adaptarse a las dificultades y a las diferentes fases que se dan en un partido tan complicado como el de ayer. El partido contra Chile era peculiar. Ni más fácil ni más difícil; simplemente peculiar, distinto. Ni Portugal, ni Holanda, ni Brasil; ningún otro rival que nos podamos encontrar presionará con la velocidad e intensidad chilena. Y España ante eso ha tenido respuesta: primero aguantó y supo sufrir (ha aprendido a sufrir), apretando los dientes; después supo imponer su superioridad técnica, transformando con grandes individualidades el trabajo colectivo; controló el partido a su antojo, tocó y tocó (especialmente con la salida de Cesc en la segunda parte), sacó a Chile de sus casillas (se fue expulsado Estrada en la primera parte, pero Ponce, perfectamente, podría haberle acompañado en el vestuario) y finalmente terminó durmiendo el partido, con la colaboración de Chile, que se juntó atrás. No podía contener a Suiza en el otro partido, pero sí a España.

Los primeros 20 minutos fueron hasta dolorosos. A más de un aficionado se le escapó un “lo sabía” que siempre trae consigo el victimismo tradicional de la mediocridad española. Chile consiguió lo que Bielsa quería; ser protagonista. A España le quitaron el balón y quedó desguarnecida por la falta de costumbre que tiene este equipo a defender sin balón. Del Bosque mandó a España un mensaje claro: quitarse a balonazos la presión de Chile y así, cada balón al área, volvía rápidamente a la de Bravo y, cuando pasaba por el medio, España conseguía petróleo en forma de amonestaciones para Chile, que corre demasiado también sin balón. Tres amarillas en los primeros 20 minutos y podemos decir que el árbitro fue generoso. Caminando sobre el filo de su propia navaja, la intensidad de los chilenos bajó a grado 8 en la escala Bielsa. Mala decisión, porque Xabi Alonso encontró un centímetro cuadrado de libertad y, desde su campo, puso un balón largo a Fernando Torres (no es la primera ni la segunda vez que Xabi y Fernando se complementan así), que corrió y, aunque no superó en la carrera a Bravo, el despeje temerario del portero de la Real lo cazó Villa que, desde lejos pensó “bueno, voy a tirar a ver…” y con la izquierda, a puerta vacía, pero con Jabulani y desde la distancia, disparó para desbancar a su propia obra de arte frente a Honduras y al golazo de Quagliarella como los mejores de un torneo que comienza a despertar.

Una contra que desde la televisión no se vio tras un corner mal botado de España y cuya finalización de Beausejour desbarató Piqué, fue respondida con el segundo de España: Iniesta robó en el centro a Estrada, combinó con Torres y Villa, que aceleró y se pausó lo justo para esperar la entrada de Iniesta, que remató al segundo palo un balón que Medel esperaba para encarar y que Bravo no vio. Lo que nos hizo Francia en el Mundial de 2006, por ejemplo y de lo que tantas veces nos hemos sido víctimas, ahora lo hicimos nosotros con un equipo que tiene un carácter mucho más cínico. Como lo mostró Torres, por ejemplo, que provocó la lesión de Estrada echando algo de cuento a un mero tropezón en las cercanías del área en la jugada del segundo gol. El árbitro vio a Torres retorcerse, vio a Iniesta que le miraba y que se vio ‘obligado’ a chutar por su ausencia y, por todo lo visto antes, le sacó la segunda amarilla. Se la pudo haber sacado antes, por una patada al propio Iniesta, pero no quiso. Como tampoco quiso pitar el penalti clarísimo de Vidal a Torres (y van cuatro) ni expulsar a Ponce por la entrada que obligó a la salida de Xabi Alonso (será más difícil ganar a Portugal sin su clarividencia profesional) en el 70’.

El gol de Millar, al principio de la segunda parte, después de que la fortuna nos la devolviese con una bofetada en forma de rebote en Piqué, quizá trastocó los planes del mister, que dio entrada a Cesc por Torres. El estado físico de Torres, no precisamente emocionante, prácticamente obligaba a la prueba de una alternativa en forma de toque, que podría devolver a España a los orígenes del Prater de Viena. Villa ha ido creciendo partido tras partido y hasta que lo haga Torres, la entrada de Cesc para sublimar el juego de España podría no ser una mala opción. También entró Javi Martínez después de que Xabi Alonso recibiese otra patada en el mismo tobillo. Era el minuto 70 y el jugador del Athletic no se descompuso en el debut y mostró la personalidad que le ha traído las comparaciones con Vieira. Pudo romper un par de veces desde atrás y no se hizo pequeño al lado de Cesc, Busquets y Xavi, centrocampistas que tienen el gusto más refinado y entrenado. Con él, eran cinco los centrocampistas que tenía España y justo lo que necesitaba España para dormir el partido y no complicarse. Porque en el desorden organizado de Bielsa, no se nota la diferencia entre diez y once y una casualidad en forma de gol de Suiza en el otro partido, a Chile no, pero a España sí le mandaba a casa. Es posible que España haya perdido prestigio para los aficionados, pero la evolución de Del Bosque obliga a los rivales a respetar todavía más a un equipo que, más que nunca, sabe (sabía ya) a qué jugar y cómo jugarlo.
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jueves, 24 de junio de 2010

Italia, che vergogna!


Ninguno le quitará a Lippi el triunfo del Mundial de 2006 en Alemania. Pero tampoco le quitará nadie su responsabilidad en el fracaso histórico de Italia en 2010, que pesará y pasará a la historia junto a aquel triunfo de hace cuatro largos años y que ha pesado como una losa sobre la preparación de este equipo. Por primera vez en su historia, Italia es última en su grupo sin ganar ni un partido, da igual que sea en un Mundial o en una Eurocopa; jamás lo había hecho tan mal. El ridículo crece cuando esto pasa en el grupo más asequible para un cabeza de serie: Paraguay, Eslovaquia y Nueva Zelanda, en su primera y segunda participación en un Mundial, han sido mejores que Italia. Lippi, por su parte, ha querido asumir su responsabilidad en el descalabro antes de que comenzase la rueda de prensa post-partido (¡faltaría más!). Pero no es suficiente. Él es el máximo culpable del descalabro. Se suponía que el desastre en Viena en 2008 marcaría un cambio de rumbo en Sudáfrica, pero no. Lippi ha sido fiel a sus principios, no ha escuchado a nadie y, sin que nadie le parase, ha seguido confiando en su grupo y ensalzando el valor del/su grupo con una pátina de arrogancia que no ha hecho sino aumentar la magnitud de esta catástrofe.

La eliminación no puede justificarse con un error arbitral en este último partido. No lo ha hecho Lippi y nadie debería hacerlo. Sí, es cierto que el gol en fuera de juego, el gol fantasma, que si el portero esloveno tendría que ser expulsado (¿qué interpretación admite pegarle un puñetazo en la cara a un rival?)… Pero sería una falta de dignidad escudarse en esto. Italia lo ha hecho todo mal y desde el principio. Porque este desastre total comenzó hace dos años, con la vuelta de Lippi a la Figc, que ha controlado al completo. Desde ese momento salieron del equipo Cassano y Del Piero y comenzaron una serie de convocatorias inexplicables y decisiones técnicas incomprensibles. Italia consiguió la clasificación para el Mundial en el último partido, quedando por delante de Francia (¡Francia!) y sin que eso sugiriese ninguna reflexión en el seleccionador. A la Copa Confederaciones del pasado verano llevó un grupo algo renovado, pero apenas le dio peso en esa competición: Rossi fue el que salvó el orgullo de Italia entonces. Para el Mundial, además de Cassano, Miccoli, Balotelli o Totti (existen razones de peso para justificar sus ausencias), Lippi no ha convocado a Rossi ni a Del Piero, dos delanteros capaces de hacer algo diferente al resto, de asociarse con Pirlo (cuya ausencia ha sido decisiva en este fracaso) y cambiar el ritmo del partido. A Del Piero le cerró la puerta desde el principio: Lippi dijo que tocaba hacer algunos cambios en el equipo y que si llamase a Del Piero tendría que hacerlo jugar. 1) ¿Qué clase de evolución podría comprender la continuidad de Cannavaro o Camoranesi? Y 2) ¿Qué problema hay con que juegue Del Piero, a caso no tiene nivel para hacerlo en este equipo? El delantero del Villarreal, sin más, desapareció.

Dentro del Mundial, Lippi tampoco ha tomado las decisiones correctas. Principalmente, porque nunca encontró lo correcto. Ha estado confuso y nervioso, presionado ante la situación que, inevitablemente, venía encima. Empezó la competición contra Paraguay con un novedoso 4-2-3-1, nunca antes utilizado, con Marchisio detrás de Gilardino: experimento fallido. Cambia en la segunda parte con la entrada de Camoranesi y Di Natale a un 4-4-2, que tampoco funciona. Contra Nueva Zelanda alinea un clásico 4-4-2; Marchisio esta vez ocupa la banda derecha, aunque pronto pasaría a la izquierda. Nuevamente entran Di Natale y Camoranesi e Italia vuelvo al 4-3-3. Precisamente el esquema con el que empezó hoy. En esta ocasión sin Marchisio, ni Gilardino, ni Camoranesi… Tres esquemas distintos en tres partidos, tres esquemas que han ido cambiando en medio de cada partido y que han desubicado y desconcertado a los propios jugadores, ignorantes de su labor en el césped. El equipo tenía que moverse alrededor de Montolivo, pero si no, tenía las bandas y si no, unas bandas distintas. Un plan B demasiado pobre y muy poco contrastado. Hoy terminó jugando Gattuso, titular en su debut en este Mundial con la intención de liberar a Montolivo en la acción ofensiva italiana. Es algo, inserir un futbolista más defensivo en la media para facilitar y mejorar las maniobras ofensivas, que puede funcionar, pero para ello se requiere un futbolista decisivo al que liberar o, si no, el trabajo queda a la mitad. E Italia, sin Pirlo, no tiene ese futbolista. Porque no lo es Montolivo, lento de pensamiento y en la ejecución, que no piensa sin el balón y que, aún así, de manera incomprensible, ha conseguido jugar todos los minutos que no ha podido hacerlo Pirlo y, en consecuencia, tampoco Palombo.

El bueno de Gattuso, que se despidió para siempre de la azzurra en el vestuario al descanso, tenía como objetivo un marcaje al hombre: al hombre que llevase la pelota y Gattuso se movía todo el rato, yendo de un lado a otro y sin llegar a ninguna parte. A su lado estaba De Rossi, que mezclaba lo mejor del propio Gattuso y de Pirlo en sus orígenes, pero que, poco a poco, termina pareciéndose mucho más al primero que al segundo (en el físico y no) y que fue el causante del primer gol: su pase, corto, no más de cinco metros, no tenía la suficiente fuerza como para llegar a Montolivo, que esperó y no atacó, y apareció en medio Vittek para cortarlo, enfilar a Marchetti, que no es Buffon, y marcar un 1-0 que nadie creía. En el descanso, otra prueba en marcha de Lippi, con más debuts, cambios de posiciones y sistema: Maggio por Criscito (Zambrotta pasaba a la izquierda) y Quagliarella por Gattuso. Lippi prescindía de la debilidad del lateral izquierdo y pasaba de nuevo al 4-2-3-1, con Quagliarella en la izquierda, Di Natale en el centro y Pepe en la derecha, por detrás de Iaquinta. 10 minutos después, la paciencia se agotaba con el tiempo: dentro Pirlo, fuera Montolivo. Ya era hora; Italia encuentra un referente, un patrón.

Pero qué poco podría hacer Pirlo, que, además, ya está empezando su cuesta abajo. 15’ después, llegaría el segundo de Vittek, que le ganó un metro en el área pequeña a Chiellini. Imperdonable. El éxito causó vértigo en Eslovaquia y facilitó el gol de Di Natale a 10’ del final, tras aprovechar el rechace que dejó el portero a una excelente jugada personal de Quagliarella, con pared de tacón con Iaquinta incluida. La euforia de Italia le llevó a cometer el error del tercer gol, mucho más grave: en un saque de banda, Kopunek cogía el balón, superando a Chiellini y De Rossi para aumentar todavía más el sonrojo italiano. El golazo de Quagliarella en el descuento (quizá el mejor del Mundial) no sirvió para nada (Lippi dijo sentirlo especialmente por él, especialmente afectado, pero él mismo le ha dejado fuera en los otros dos partidos). Howard Webb, que cosechó otro pésimo arbitraje en su debe, señaló el final de un ciclo. Italia ha jugado un Mundial patético, sin conseguir ni un triunfo y pretendía (y lo hubiese conseguido con un empate) pasar así. La reflexión ya es inevitable y va mucho más allá de lo primero que pueda pasar por la cabeza. Buffon ponía la primera piedra, aludiendo a las ausencias anteriormente reseñadas: “faltan estrellas, pero en Italia no se ha quedado ninguna. Jugadores que puedan marcar la diferencia a nivel internacional, francamente, veo pocos”. Quizá sea un problema de base lo que explique cómo los campeones del mundo se han convertido en los campeones de la vergüenza.
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Alemania le da a Ghana la derrota deseada


Alemania y Ghana están en octavos de final del Mundial, gracias a la colaboración de la primera victoria de Australia en este Mundial. Serbia no ha entendido su papel en la competición y no ha tenido ni variables ni respuestas. Antic se ha presentado con la que iba a ser la revelación del Mundial y que, en realidad es un equipo descafeinado, incapaz de cambiar el viento del partido cuando le va en contra. La idea de Ghana le descuadró en el primer partido, contra Alemania, con un equipo con más sentido, encontró la colaboración del árbitro y jugó, con éxito, al contragolpe. Pero ayer, contra Australia, cuando el equipo de Verbeek tocó corneta y empujó, Serbia quedó desnuda. Serbia atacó y bien en la primera parte, pero no supo qué hacer cuando lo hizo igual de bien, con sus armas, Australia en la segunda. Otro tema para el estudio es la defensa: Ivanovic y Vidic pueden permitir que Cahill, con su 1'75, remate de cabeza en el área? No. Después le cazaron arriba y lo aprovechó Holman para marcar desde lejos. Cierto, después llegaría un gol mal anulado a Pantelic y un clarísimo penalti por mano de Cahill, idéntico a los que sí les señalaron a Kuzmanovic y Vidic en las dos primeras jornadas. Antic perdió los nervios, fue a recriminarle al árbitro y terminó montando un circo el Mundial que no ha sabido entender ni interpretar. Un Mundial en el que no ha dado la talla.

Todo esto, evidentemente, llegaba al otro partido, en el que Alemania ganaba 1 a 0 a Ghana gracias a un golazo de Özil, a la escuadra y desde fuera del área. Con el primer gol de Australia, Rajevac hizo un gesto claro a sus jugadores para que estuviesen tranquilos: la derrota era un resultado buenísimo. ¿Por qué? Muy sencillo. Su objetivo antes del partido era el de empatar y asegurarse el pase. Pero con un empate, y visto que el otro partido ya no preocupaba, hubiesen conseguido ser primeros y entre Inglaterra y Estados Unidos, Rajevac no tuvo dudas. Porque, además, Ghana demostró, aún perdiendo, que puede complicar la vida a cualquiera. Alemania, ayer jugó a un ritmo lento, provocado, para que nada rompiese el guión. Todo pasaba por los pies de Schweinsteiger y si su problema muscular es grave, Alemania sufrirá contra Inglaterra, con todos los respetos hacia Trochowski o quién quiera que pueda ocupar su posición. Fue, como decíamos, Özil el que hizo que Löw guardase nuevamente la carta de dimisión que anunciaba la prensa alemana. Tras ese gol, tuvo Gyan alguna oportunidad y una más clara de Ayew. Pero Ghana no marca si no es de penalti. Aún así, ha conseguido que se le considere como el mejor equipo africano en este Mundial. Justamente Ghana, un país que todavía hoy es el símbolo del expolio y el saqueo de los propios recursos naturales del continente negro y del genocidio de la población autóctona. Si la Fifa realmente quiere ayudar a África, el próximo Mundial que se celebre allí.
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miércoles, 23 de junio de 2010

Inglaterra da la cara, pero no la lava


Inglaterra es un mal equipo. Un equipo anti-inglés, que juega casi siempre mal. El puzzle de los tres leones no está adaptado para la idea de Capello: los mejores jugadores son centrocampistas llegados y ahí el italiano prefiere dos rescatadores, dos, nunca mejor dicho, leones, que muerda a quien intente despertarles. Es lo que ha tenido Capello, a lo largo de sus éxitos. Eso y un par de buenos delanteros: Savicevic, van Basten, Mijatovic, Trezeguet, Ibrahimovic, Del Piero, Batistuta, Totti y van Nistelrooy han sido algunos de los delanteros sobre los que ha sustentado sus triunfos más importantes. Y también con los porteros, con los que es muy meticuloso: ni Green, ni James, ni Hart dan la sensación de poder dar el nivel de los varios Rossi, Illgner, Buffon o Casillas. En Inglaterra se encuentra un equipo desnaturalizado para él, con un portero (y dos) calamitoso y un delantero, Heskey, que no tiene el nivel para disputar un Mundial y otro, Rooney, que físicamente no está dando la talla de líder y estrella máxima del equpo.

Con este panorama se presentó al Mundial tras arrasar en la clasificación. Las expectativas eran muy altas y Capello (quizá más que Inglaterra) sólo tenía por delante a España y Brasil. Sobre el papel son un equipazo, pero tienen el inconveniente de que el fútbol no se juega sobre ningún papel; se juega en un césped. Y en el césped Inglaterra es un equipo inadaptado, sin sintonía con la idea de su manager, pero que, por lo menos hoy, ha mostrado carácter y ha dado la cara. Por momentos ha jugado bien, la verdad, Milner se ha recuperado de la humillación a la que fue sometido en el primer partido. Capello no guarda rencores, intenta explotar el potencial de sus jugadores y hoy Milner ha respondido bien, mandando buenos centros desde la derecha, una posición más adaptada a él. De hecho, el gol de Defoe, en el 23', llegó desde las botas del jugador, todavía del Aston Villa y, presumiblemente, del Chelsea la próxima temporada. Eslovenia no dio la talla; su posición de líder inesperado era engañosa y fue a buscar el empate que le clasificaba matemáticamente, pero no encontró la complicidad de Inglaterra. Cuando llegó al final, la tensión inglesa se centraba en perder tiempo, pegados en el corner, en la banda... Le sirvió de para pasar de ronda y seguir en el Mundial. Capello buscará empezar de cero en las eliminatorias, pero el pase puede convertirse en una prolongación de la agonía: en octavos, si todo va como se presume, jugarán contra Alemania y en cuartos les podría esperar Argentina. Entonces a Inglaterra no le bastará con dar la cara; tendrá que cambiar su imagen.

En el otro partido consiguió el pase Estados Unidos. El fútbol, a veces, hace justicia y hoy lo ha hecho con el gol de Landon Donovan, dos segundos después de que Stark marcase el final del Eslovenia - Inglaterra. Algo maravilloso que es capaz de regalarnos este Mundial tan rácano. Emociones a falta de fútbol. Después de una fase de grupos en la que los americanos han sido protagonistas y se han visto perjudicados al anulársele dos goles legales (contra Eslovenia y hoy mismo contra Argelia), la estrella nacional ratificó el gran momento de forma del Soccer y consiguió su premio. Feilhaber demostró que con él, la sociedad entre Dempsey y Donovan es mejor y así se consiguió el gol americano. Argelia perdía las mínimas opciones de seguir en el Mundial en el descuento. Un honor que se ha celebrado en el país, pero que engaña: ¿podemos hablar de un buen Mundial para un equipo que llegaba con un punto y ningún gol a la última jornada? Justo ahí reside la magia del fútbol.
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Argentina no pasa hambre


Resistió hasta a 13 minutos del final el bunker griego. Pero el plan cobardica de Rehhagel terminó cayendo. La Eurocopa de 2004 se va difuminando en el horizonte griego y hay cosas que ni un triunfo histórico puede justificar. Es complicado ver un equipo tan condicionado por el rival: ayer Grecia alineó un ecléctico 3-1-5-1, con cuatro centrales, Sokratis por delante de ellos y arriba una nueva isla para añadir al archipiélago griego: Giorgios Samaras. A pesar de la incertidumbre del Corea – Nigeria, que condicionaba su clasificación o no, Rehhagel dejó en el banco a Salpingidis y Gekas, dos de sus hombres más importantes.

En vilo estaba el pase a octavos y el peaje que pagó Grecia fue su eliminación a manos de una Argentina B, con 7 cambios, pero que, sin poner la carne en el asador (ni toda ni poca) tampoco pasa hambre. Sokratis marcó innegablemente de manera individual a Messi, era el sexto defensa de la alineación y tenía sólo ese cometido. El problema de Argentina es que, aún secando a Messi (que de todos modos hizo un par de recortes espectaculares, estrelló un balón en el larguero y obligó a Tzorbas a esforzarse al máximo, el equipo, aún en su versión suplente (si se permite usar esta expresión), es demoledor.

La línea Maginot griega, eso sí, causó problemas a Argentina, que, además, tuvo que ajustar sus cuentas con un espectacular Tzorbas y su exhibición de reflejos, que rechazó los disparos de Agüero, Verón y Messi. Aunque la mejor parada de la tarde la hizo Vyntra, lanzándose al suelo para detener un gol cantado del Kun. Al final, la diferencia técnica, y que es mejor ganar si lo intentas, le dio la victoria a Argentina con un gol de Demichelis y otro, atención, de Martín Palermo. Marcó en Perú y Maradona le respondió convocándole para su primer Mundial a los 36 años. La respuesta de Palermo no ha podido ser más reconfortante, marcando un gol en su primera oportunidad y demostrando que Maradona, jugando mejor o peor (seguramente peor), ha conseguido formar un grupo unido, que cree ciegamente en él, al que le ha transmitido su carácter y que será muy difícil de derrotar porque, además, tiene al mejor jugador del mundo. Como pasó en México ‘86.
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martes, 22 de junio de 2010

Cuatro motivos para la alegría


Francia, Sudáfrica, Uruguay y México han terminado ya la fase de grupos y todos, los cuatro, tienen algo que celebrar. Los motivos son bien diferentes: Uruguay ha conseguido el pase como líder del grupo, México ha dado la vuelta a una situación catastrófica antes del Mundial y ahora está en octavos, Sudáfrica, con cuatro puntos, ha sido un anfitrión más que digno y los franceses, por fin, se liberan del yugo de Domenech y su cinismo.

Francia cerró de la peor manera y la más previsible el ciclo de Domenech y su participación en este Mundial. Alejarse, por fin de Domenech y ventilar ese vestuario, sin duda, hará bien. Ahora, cuánto no se puede decir. Porque Laurent Blanc renovará totalmente el equipo y muchos de estos pesos pesados que han convertido el vestuario francés en un camerino, no seguirán. Domenech se va ya, por fin. Hace dos días, mostró su apoyo a los jugadores y disconformidad con la decisión de la FFF de expulsar a Anelka; ayer, todo era distinto y descalificó a sus propios jugadores. Hoy su gesto era de absoluta prepotencia cantando una Marsellesa a la que nunca he hecho honor. Por eso, quizá, hoy no han jugado Abidal o Evra, por ejemplo. Y por eso los que han jugado ha sido por el mínimo de dignidad que pueda quedar en ese equipo. Porque ninguno dio la cara, Gourcuff fue expulsado a los 25 minutos (aunque de manera desproporcionada) y ni siquiera Lloris, consumido por los nervios y afectado por la situación (él es uno de los pocos jugadores tranquilos y sacrificados que hay ahora en Francia), dio la talla. El motín de la vergüenza de Francia termina con otra derrota (goles de Khumalo en el 20’, aprovechando una mala salida de Lloris y superando a Diaby en el salto y de Mphela, que le arrebató el balón a Clichy en el área pequeña) y un solo gol, de Malouda, en todo el Mundial. La retirada de Henry, único jugador francés que ha disputado cuatro Mundiales y que con 51 goles en 140 partidos es el máximo goleador de la historia ‘bleu’, ha pasado por alto. Si a esta gente le queda algo de dignidad, les dará vergüenza mirar a la cara de su gente. No hay peor manera de representar a un país, desenterrando algunos temores pasados y que creíamos felizmente olvidados.

Mucho más felices estarán los otros dos integrantes del grupo A. México jugará contra Argentina en octavos de final, cuando hace un par de meses muchos temían el ridículo. Al final es segundo del grupo, porque salió con la mentalidad de empate y esperando que el mensaje, claro, lo recibiese y aceptase Uruguay. Pero el carácter ultra competitivo de los uruguayos y alimentado después de dos buenos partidos, que, además, le daban la posibilidad de ser primeros de grupo y evitar a Argentina en la siguiente ronda, impidió que se hablase de uno de esos amaños que luego pasan a la historia de la competición, alineando a Forlán, Cavani y Suárez arriba. Fue Suárez el que marcó y Victorino, Lugano y Ríos los mariscales de un equipo que pasa a octavos con cuatro goles a favor y ninguno en contra. Y hubiese sido muy feo manchar una trayectoria inmaculada e ilusionante.
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Siete goles alrededor de Meireles y Tiago


La transformación total que ha sufrido la selección portuguesa del primer al segundo partido del Mundial ha garantizado a Portugal su clasificación para los octavos de final. Aunque las matemáticas se empeñen en condicionarlo, Portugal tendría que perder el último partido contra Brasil y Costa de Marfil tendría que ganar a Corea del Norte por un resultado que, unido al del otro partido, tendría que anular la diferencia de nueve goles que existe ahora entre los dos equipos (+7 por -2). Pero la sensación es que el 5 a 0 que se dio en la última ocasión que se enfrentaron Brasil y Portugal no puede repetirse.

Y parece que no puede repetirse porque el cambio de Portugal ha sido monumental, tanto en la mentalidad como en la organización táctica. Numéricamente fue de cuatro jugadores; Miguel, Tiago, Simao y Almeida por Ferreira, Deco, Danny y Liedson. Del equipo que jugó contra Costa de Marfil, no quedó nada, donde había lentitud, apareció velocidad y donde faltó frescura, hubo intensidad. Todo eso, principalmente, porque donde sobraba Deco faltaba Tiago. Muchos en el Atlético se estarán tirando de los pelos: no apostaron lo suficiente por él y han intentado rebajar el precio de su opción de compra de la Juventus hasta 4 ridículos millones y la Juventus ahora, ni por 4 ni por 6; hay ofertas más importantes y tienen todo el derecho del mundo a aceptarlas después de que el Atlético no haya cumplido su parte del trato. Tiago y Raúl Meireles le dieron al equipo el ritmo y la profundidad necesarios, dejando en el olvido aquel Portugal tedioso que, con miedo, buscaba sólo asegurar la posesión del balón y darlo a Ronaldo.

Ayer, consiguieron que Ronaldo y Simao fuesen dos extremos de verdad, abiertos y profundos y no esos que jugaron todo el rato por el interior en el primer partido. También la presencia de Hugo Almeida, que abarca mucho más campo que Liedson, les dio la libertad de acercarse más a la línea. Mientras, en la media, la pareja perfecta, que cubrió a las mil maravillas las mil carencias de Pedro Mendes (inexplicable que pueda jugar con Portugal), alternaban a la perfección la creación, con una coordinación perfecta: cuando uno tiraba el desmarque de ruptura, el otro le lanzaba. Y así llegaron tres de los siete goles. El primero en el 28, en la inauguración de la sociedad y la primera gran jugada del partido: desmarque de Meireles, que salta dos líneas y Tiago, temporizando el pase a la perfección, lo pone en el lugar justo en el mejor momento; para que Meireles, solo, lo metiese en la portería.

Tras un periodo de indecisión en la primera parte en el que los norcoreanos fueron un poco adelante (terminaron perdiendo el orden y lo pagaron caro), Portugal despertó tras la reanudación con el segundo gol, en el 53’. De nuevo Meireles, con su presencia en el área, sorprendió a los asiáticos y creó superioridad numérica: aprovechó un pase largo de Miguel, hizo la pared con Almeida y se la dejó a Simao, que venía haciendo la diagonal para golpear franco. El tercer gol de Almeida dos minutos después y el cuarto de Tiago, uno más tarde, terminaron por desmoronar a los norcoreanos, que no supieron ofrecer la misma resistencia exhibida contra Brasil. Fabio Coentreao, desde la izquierda, era un auténtico puñal desequilibrante por la izquierda, cuyas subidas no fueron interpretadas por el rival: le dio a Almeida el tercer gol y pudo marcar él el cuarto antes de que lo hiciese Tiago, a pase de Ronaldo. El quinto y el sexto fueron con algo más de suerte: Liedson, que había sustituido a Almeida, aprovechó la desatención de la defensa para robar y marcar y Ronaldo, ahora a pase de Tiago, con su única presencia, superó a toda la defensa y se encontró el balón, que le había quedado encima para marcar en partido oficial 2 años y 11 días después un gol importantísimo para él. La rúbrica a la mayor goleada de la historia portuguesa en la fase final de un Mundial la puso Tiago, rematando de cabeza un centro de Veloso. Aunque la mejor noticia, más allá de los goles o del dato, es que, Queiroz ha encontrado una fórmula que funciona, cuya única duda es saber si será tan competitiva cuando lleguen los rivales de mayor caché.
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